Gerardo C. López Becerra

A un año de confinamiento por la llegada de la pandemia del COVID-19 a nuestro país, que provocó el paro o modificación de actividades temporales de alrededor del 80 por ciento de comercios, empresas e instituciones cuyas actividades fueron consideradas “no esenciales”, en el Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño (ConComercioPequeño AC) hacemos un breve balance a manera de “corte de caja” que nos permite saber en dónde estamos y trazar rutas para la recuperación y crecimiento que necesita nuestro sector.

Saldos positivos

Es de reconocer que, durante este año, los comerciantes formales en pequeño, así como los dueños de las empresas familiares han dado muestras claras de gran responsabilidad y solidaridad al acatar, promover y mantener las disposiciones de salud para evitar los contagios: uso de cubrebocas, protocolos de sanitización y cuidado del distanciamiento que debe aplicar para trabajadores y clientes. Miles de negocios –desde las tiendas de abarrotes o tortillerías-, aislaron sus áreas de atención al público y han modificado sus formas de operación para evitar contagios.

A pesar de los efectos demoledores que tuvo el cierre de la economía decretada hace un año –y que mencionaremos más adelante-, han sido patente el espíritu de fortaleza que tienen los comerciantes en pequeño ante las adversidades que afrontan: caída de ventas, incremento del endeudamiento y riesgos en su salud por los contagios. Han luchado por la permanencia de sus negocios por su propia necesidad, pero también para generar ingresos para todos los trabajadores directos e indirectos.

En muchos casos se ha detonado la creatividad, el ingenio y la búsqueda de nuevos nichos de mercado, con novedosas formas de comercialización así como la disponibilidad de los productos que necesitan las comunidades.

Saldos negativos

A un año del impacto de la pandemia, persiste  la ausencia de un plan gubernamental de reactivación económica claro y con visión de corto y largo plazo sobre las alternativas que puedan establecerse, por lo que no se avizora una pronta salida de la crisis. La carencia de este plan provoca descontrol e incertidumbre entre los dueños y trabajadores del pequeño comercio, quienes aún no se han recuperado del año de la crisis y están temerosos de los impactos que puede tener la llegada de la “tercera ola” de contagios. En la práctica, los dueños del comercio en pequeño han tenido que aplicar el viejo dicho de “rásquense con sus uñas” cada quien, para sortear las dificultades.

Poco más del 60 por ciento de los comercios en pequeño y empresas familiares que aún está abierto, mantiene una economía de sobrevivencia. La venta del día se ocupa para solventar los pagos más urgentes mientras que crece el endeudamiento para afrontar los pagos de renta, proveedores, servicios (luz, agua y transporte), salario de trabajadores o pago al IMSS. La necesidad de financiamiento que tiene este sector es por arriba de los 250 mil pesos por negocio, lo cual es 10 veces mayor al crédito federal que los funcionarios gubernamentales siguen han ofrecido.

Durante este año, poco más de un millón de pequeños comercios y empresas familiares tuvo que cerrar sus establecimientos y el riesgo de que durante el primer semestre de este año se sumen otros 300 mil negocios al cierre de actividades es latente. La informalidad y el ambulantaje ha crecido en forma desproporcionada, derivado de búsqueda de alternativas de ingreso que tienen aquellos que se vieron en la necesidad de cerrar sus negocios.

Este año 2021 aún ofrece la posibilidad a los sectores del pequeño comercio, que han sido duramente golpeados por la crisis, de iniciar la ansiada recuperación económica de sus establecimientos.

Sin embargo, la ausencia de un plan eficaz de apoyo que atienda las diversas necesidades que tienen los sectores, restablezca las cadenas de producción y consumo de bienes y servicios, pero sobre todo de confianza de que los contagios del COVID-19 se lograron contener y reducir con un programa de vacunación efectivo, provocará que la recuperación de la economía popular tarde por lo menos dos o tres años. Aunque la estrategia de confinamiento, control de movilidad y reducción de horarios tuvo resultados aceptables para evitar contagios hace un año, ahora se encuentra desgastada entre la población y con efectos negativos en materia económica, lo cual repercute en la liquides de los comercios y tendrá consecuencias en el pago de impuestos.

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