Redacción

El aburrimiento no sólo nos consume mucha energía y disminuye el desempeño, también puede ser el detonador de emociones como el enojo y agresión, o contribuir a conductas nocivas como fumar y consumir alcohol y, aunque es diferente a la depresión, puede ser un factor que contribuya a sufrirla, de acuerdo con estudios científicos sobre este tema.

Aunque el aburrimiento ocurre en el cerebro como una falla en el sistema de atención, y científicamente se sabe que se desata como una señal de alarma ante el fracaso de permanecer motivados ante una tarea, también puede desatar un proceso positivo de ideación en uno y atreverse a hacer algo nuevo, como ocurrió en el primer año de la pandemia, explicó Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto de Ciencias del Bienestar y la Felicidad de Universidad Tecmilenio durante su ponencia en el evento virtual Wellbeing 360.

La también doctora en Estudios Humanísticos, maestra en Ciencias por el Tec de Monterrey y con Maestría en Psicología Positiva Aplicada por la Universidad de Pennsylvania, EU, detalla que durante el confinamiento, aprendimos a lidiar con cosas nuevas, como cocinar, pintar, u otras habilidades que no teníamos.

Con la larga duración del encierro, puede haber una predisposición a que las actividades nuevas como clases, juntas y trabajo en línea sean aburridas y cansadas otra vez, y nos lleven a la apatía.

En el Informe de Impacto Emocional de la pandemia en Estados Unidos, realizado en mayo pasado, se descubrió que el 53 por ciento de los encuestados afirmaron sentirse más aburridos ahora, que antes de la pandemia. Asimismo, según los datos de la Línea de Confianza e Impulso Ciudadano coordinada por Patricia Trejo, se conoció que el mayor rango de llamadas proviene de quienes tienen entre 11 y 30 años, seguidos de aquellos con edades de 31 a 40 años.

¿Qué hacemos con el aburrimiento? ¿Cómo conspiramos en su contra para aumentar el bienestar de los niños, jóvenes y adultos? Se pregunta la especialista que da algunas recomendaciones para que el cerebro se recalibre y llegue a un estado de flow, que es cuando nos sentimos tan enfocados y plenos en lo que estamos haciendo que olvidamos el tiempo.

Desculpabilizar al que está aburrido:     

Quitamos el juicio sobre ello y lo reconocemos para saber qué tengo que hacer al respecto.

Hablar sobre el aburrimiento:     

Generalmente se usa la palabra para definir un amplio margen de emociones, pero lo interesante es encontrar por qué nos aburrimos. El aburrimiento nos dice mucho de cómo estamos experimentando el mundo. Si hablamos de estas emociones de manera natural, vamos a tener una mejor oportunidad de enfrentarlo y superarlo.

Conocernos a nosotros mismos o a nuestros hijos o estudiantes:     

Es vital para conocer nuestros sentimientos y fortalezas de carácter a través de la auto observación. Nuestras fortalezas nos ayudan a enfrentar las emociones negativas y darle paso a la energía y motivación.

Detectar las fases del aburrimiento:     

Este tiene un mensaje y tenemos que estar conscientes del momento en el que nos encontramos como alumnos, hijos o trabajadores. Tenemos que comprender la utilidad del conocimiento que queremos aprender o enseñar.

Aplicar el efecto sorpresa:     

Cuando estamos instalados en la rutina tenemos que romper el patrón de creencias que nos hace pensar que las cosas son aburridas, tal vez con una actividad distinta que rompa la rutina.

Buscar el apoyo social:

El aburrimiento es una situación individual, pero cuando conocemos las actividades en los que están involucrados los compañeros, estudiantes o hijos, podemos utilizar la empatía, solidaridad, hablar con ellos de estas emociones y usar las fortalezas de carácter para crear un ambiente conjunto de desarrollo personal. Trabajar en equipo es una de las fórmulas contra el aburrimiento.

“Este es un gran momento para aplicar la voluntad y la empatía. No podemos controlar el entorno, pero sí nuestras decisiones para ayudarnos unos a otros a salir del aburrimiento”, finalizó.

Rosalinda Ballesteros apunta que el aburrimiento es parte de la naturaleza humana y, aunque su análisis científico es muy reciente, también puede mejorar la vida si sabemos escuchar esta emoción y canalizarla.

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