Diego Ríos

El caricaturista Antonio Helguera, quien obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en los años 1996 y 2002, acaeció la noche de ayer viernes 25 de junio a causa de un infarto al corazón. De esta manera, abandonó su existencia quien en vida fue un referente por su contribución a la crítica de política nacional.

Egresado de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda del INBAL, Antonio Helguera (1965) laboró en diferentes diarios de circulación nacional desde 1983 (El Día, La Jornada y en las revistas Siempre! y Proceso) y fue codirector de las publicaciones especializadas El Chahuistle y El Chamuco.

Integrante de una familia de dibujantes, Antonio Helguera conducía el programa El Chamuco TV, a través del Canal 22, Canal Once y TV UNAM, además de coeditar varios libros con algunos de sus colegas: El sexenio me da risa (1994) y El sexenio ya no me da risa (1994), junto con El Fisgón; en 1995, al lado de otros colegas publicó El tataranieto del Ahuizote, así como El sexenio me da pena” (2000) y El sexenio se me hace chiquito, (2003), al lado de El Fisgón y Hernández.

En 2017 ganó el premio La Catrina, galardón que entregan durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a caricaturistas y moneros.

Helguera será recordado como un artista que, desde su quehacer, acompañó las causas justas y movimientos sociales de México; quedará en la memoria su agudeza, humor y refinada inteligencia.

Diversas han sido las muestras de afecto hacia Helguera y el extenso pésame a su esposa, la también periodista Alma Muñoz. Entre estos destacan los del Presidente Andrés Manuel López Obrador, y miembros de su gabinete como la secretaría de Cultura, Alejandra Frausto Guerrero, y el presidente del SPR, Jenaro Villamil.

De igual forma, sus colegas moneros y periodistas en general, han clamado desde la noche de ayer, la profunda desazón que deja la partida de uno de los cartonistas más destacados de las últimas tres décadas.

Para los reporteros y colaboradores de El Indeleble, la pérdida de Helguera nos recuerda lo frágil que es la vida, y al mismo tiempo nos compromete a trabajar con la congruencia que Antonio profesó y que pudimos testificar aquellos que lo conocimos y compartimos con él esta profesión desde la trinchera de la crítica al poder más allá de las militancias partidistas. Que descanse en paz.

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