Eduardo Poot

El incremento de la temperatura puede moldear a comunidades enteras de depredadores y causar impactos potenciales hacia la base de la red trófica (conjunto de relaciones entre cadenas alimentarias), revela un estudio internacional en el que participaron científicos del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM.

Lo anterior es resultado de la participación de Brigitta van Tussenbroek y Enrique Lozano Álvarez, ambos del ICML, en la elaboración del primer “Mapa de mordiscos” que revisó la actividad de peces de tamaño medio que habitan en las zonas costeras de pastizales marinos, los cuales tienen un papel importante en la transferencia trófica de estos sistemas.

En esta investigación se revisó cómo la temperatura interfiere en las relaciones de alimentación de los sistemas marinos, lo cual tiene repercusión en el calentamiento global porque en la actualidad todos sufren lo que se ha llamado tropicalización, precisó Brigitta van Tussenbroek.

“Se vio en este estudio que la relación entre la temperatura y la acción de los depredadores medianos no es tan directa como se piensa”, porque se cree que cuando hace calor el metabolismo se acelera y se necesita más comida para mantener los niveles de energía de los organismos. Sin embargo, esto no es lo que reveló el trabajo.

Golosinas para peces

Dijo que se contó con la participación de especialistas de más de 40 instituciones educativas del mundo, para llevar a cabo mediciones en cuatro de los cinco continentes.

Lozano Álvarez destacó que para el trabajo -publicado recientemente en la revista PNAS-, utilizaron paletas de calamar que se ofrecían a los llamados peces mesodepredadores, como mojarras, pajaritos, roncadores o el pargo canario, que son de tamaño mediano.

Debido a que la temperatura del mar es mayor en el Ecuador que en los polos, se pensaba que este factor generaría una mayor depredación por las cadenas tróficas; es decir, las cadenas alimenticias entre productores, consumidores y descomponedores (quién se come a quién).

Los mesodepredadores no son los depredadores tope, pero son organismos clave en las redes tróficas porque se comen a los organismos más pequeños como crustáceos, precisó.

El científico de la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales de la UNAM, en Puerto Morelos, destacó que el estudio abarcó Australia, Europa, India, Corea, Canadá, el Caribe y el Pacífico mexicano, entre otros. En estos sitios se hizo el mismo experimento colocando 40 golosinas en cada uno.

“Lo que vimos es que más bien en las latitudes medias, en lugares subtropicales, es donde hay un mayor aumento de la depredación”, informó Lozano Álvarez.

Los registros indican que en Italia, Corea, Baja California, Carolina del Norte y Australia los peces comieron, en promedio, más paletas de calamar por hora respecto a los de lugares tropicales como el Caribe mexicano, Panamá e India, comentan los universitarios.

Depredación como moldeadora

Van Tussenbroek precisó que el trabajo muestra que las relaciones en la naturaleza no son exactamente lineales; es decir, que al aumentar la temperatura cambia solo una cosa, lo que se está alterando es todo el sistema trófico.

“Si se tropicaliza un sistema por efecto del calentamiento global, cambiarán todas las relaciones tróficas, y en casos de interacciones no lineales y complejas un sistema podría sufrir un cambio total en un momento y de forma inesperada.

“Esta es la razón por la que debemos estudiar mucho más estas relaciones y el estudio muestra que no es tan fácil decir que tenemos uno o varios organismos indicadores de que algo está pasando”, aseguró la científica.

Lozano Álvarez refirió que dependiendo de qué tan intensa fue la depredación de las golosinas de calamar en una comunidad se pudo ver las variedades y riqueza de las cadenas tróficas de estas comunidades de peces. En este caso, fue más variada en sitios templados en comparación con lo registrado en los trópicos.

“Darnos cuenta de que no hay una relación directa con la temperatura es muy importante, porque un aumento en la temperatura implicaría cambios en todo el ecosistema; es decir, si se pierde un tipo de organismo entrarán otros, pero éstos tienen estrategias diferentes para sobrevivir que, además, se adaptan también a las nuevas circunstancias”, subrayó.

Por parte de México, además de los universitarios participaron de la Universidad Autónoma de Baja California y el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada.

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