Por: Tere Valenzuela Gorozpe*

La meditación es un trabajo para el desarrollo de la atención, de la contemplación, es un ejercicio diario en el cual desarrollamos nuestra capacidad humana profunda, nuestra capacidad de Ser. Como seres humanos, existimos en el mundo, pero no necesariamente estamos presentes en el mundo. Este camino de desarrollo que potencia nuestra persona nos capacita para estar en y con ‘Presencia’.

Recibimos cientos de mensajes invitándonos a meditar durante la cuarentena. Lo que principalmente encontramos en esta invitación es un camino de paz contra el estrés. Por esta razón, nos encausan a participar en esta práctica diaria. Pero ¿qué es realmente lo que hacemos al meditar? y ¿por qué su importancia?

Es cierto que durante este camino vamos encontrando frutos como la paz, la paciencia, el gozo y tolerancia que nos cambia nuestra manera de estar y relacionarnos con los próximos. Asimismo, nos permite recuperar nuestro equilibrio y la armonía. Esto es muy importante y de hecho determinante para estos momentos. Pero estamos olvidando lo más importante: este camino de atención nos incita y nos capacita para Amar.

El trabajo de la atención va despertando todos nuestros sentidos, llevándonos a trabajar nuestras percepciones del mundo. Va desarrollando nuestra manera de mirar y, con ello, nos abre y nos desvela las posibilidades delante de nosotros, recordándonos que este peregrinar interior nos lleva a contactar primeramente con nosotros mismos, reconociendo quienes somos.

Este enfrentamiento con nosotros mismos no es fácil, nos convoca a mirar aquello que quizá tenga que cambiar, a enfrentar mi ego que me estorba para Ser humano. El trabajo más importante en la meditación es trascender nuestro ego para permitirnos vivir con libertad interior, libres de aquellas estructuras, ideologías y pensamientos que nos incapacitan para Vivir y Amar.

Lo que debemos de buscar en esté camino es lo que nos lleve a Vivir y estar Presentes en el mundo.

Hoy los convoco a meditar, para que de esta experiencia de vulnerabilidad que vivimos emerjan Seres Humanos en y con Presencia en el mundo; donde, como decía san Ignacio, seamos capaces de “en todo Amar y Servir”.

*Académica del Área de Reflexión Universitaria de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Imparte las materias Religiones del Mundo y Mística de las tradiciones religiosas. También imparte talleres de meditación en la Casa de Meditación, encuentro y paz de la IBERO.

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