Diego Ríos

Si bien la violencia intrafamiliar y de género son fenómenos estructurales preexistentes en el mundo, el confinamiento obligado y la enorme incertidumbre que prevalecen a escala global por la pandemia del COVID-19 ocasionaron en México un incremento superior a cien por ciento de las agresiones contra mujeres y niñas en el espacio doméstico, sostuvo la doctora Martha Torres Falcón, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Ante tal escenario –reconocido incluso por el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres– la especialista propuso establecer campañas dirigidas a los hombres para encauzar la frustración, el hartazgo, la angustia y el temor ocasionados por el encierro, y que se han traducido en maltratos contra estos sectores vulnerables de la población.

Las autoridades deben aplicar una política pública que evite este tipo de actos, así como implementar programas de manejo del estrés para canalizar de manera adecuada las conductas negativas por el aislamiento, que si bien no es la causa de los atropellos, en estos momentos es un detonante.

Necesarios, programas para canalizar adecuadamente conductas negativas: investigadora de la UAM.

La profesora del Departamento de Sociología de la Unidad Azcapotzalco de la UAM explicó que las mexicanas tienen la misión de mantener en armonía al grupo familiar, “pero el apartamiento produce muchas cosas y en estas circunstancias las personas pueden sacar lo mejor o lo peor de sí mismas”, por lo que resulta relevante evaluar cómo se encontraba la relación de pareja antes de la crisis sanitaria, toda vez que “no todos tenemos la capacidad de manejar los conflictos y en situaciones extremas afloran las divergencias”.

En particular sucede que los hombres o jefes del hogar de pronto se han encontrado recluidos, igual que todos los demás”, mientras que para muchas mujeres eso no es extraordinario, ya que “incluso aquellas con un empleo remunerado lidiamos con muchas tareas domésticas para que el entorno familiar funcione” y, en general, ellos tienen menos presencia y responsabilidades en las labores en este ámbito.

La ausencia de actividades cotidianas –acudir a trabajar, comer, hablar con otras personas y regresar al domicilio– es caldo de cultivo de muchas reacciones incomprensibles no habituales debido a la falta de certeza de si la vida como se conoce volverá a suceder, ante la obligatoriedad de no salir por un tiempo que tampoco es posible precisar ahora.

Con el aislamiento se habla mucho de estar conectados a Internet, pero no todo mundo tiene siquiera una habitación ni mucho menos una computadora propia “y, si no se tienen recursos para comer, menos para pagar” ese servicio, recalcó la miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

De acuerdo con datos del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México –presentados a la Secretaría de Gobernación– desde la declaratoria de emergencia de salud por la pandemia, la violencia contra mujeres y menores de edad en los hogares aumentó en 120 por ciento; nueve de cada diez víctimas son del sexo femenino; una de cada cuatro es testigo de casos semejantes; 66 por ciento corresponde a agresiones físicas, y 22 por ciento a abusos psicoemocionales.

La reclusión para evitar el contagio del coronavirus COVID-19 “ha provocado gran incertidumbre y también temor en todos, por no saber lo que va a pasar y eso nos causa distintos tipos de miedo, pues no contamos con la posibilidad de conocer el panorama completo del futuro inmediato”, concluyó Torres Falcón.

@diegorioz

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