Patricia Guillén

El COVID-19 va a significar una nueva explosión de venta de comida callejera en México, debido a que es el principal sector de la economía informal que ocupa a más gente, por lo que habrá una serie de políticas que la fomentará, aunque no de manera deliberada, aseguró la doctora Miriam Bertran Vilà, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Aun cuando el comercio de esos productos en la vía pública representa un problema de urbanización y salud por ser el principal vector de enfermedades gastrointestinales, a la vez es una tradición cultural arraigada que para algunos sectores de la población sustituye una alimentación estructurada y para otros satisface un antojo, dijo al moderar y participar en los Foros académicos: La investigación presente ante la pandemia.

“En términos nutricionales, por más que las autoridades digan que la mortalidad por la pandemia tiene que ver con los males crónico-degenerativos, la realidad es que la inseguridad alimentaria provoca obesidad y este tipo de padecimientos”, sostuvo la docente del Departamento de Atención a la Salud de la Unidad Xochimilco.

50 mil vendedores en las calles

La doctora Guénola Caprón señaló que hay alrededor de 50 mil expendedores de comestibles en la calle, por lo que comer en la vía pública se vincula con el tamaño de las ciudades, en particular de las áreas metropolitanas, y en México se ofertan y consumen en cualquier momento del día porque deriva en una solución práctica cuando se cuenta con poco tiempo.

La académica del Departamento de Sociología de la Unidad Azcapotzalco consideró que en tiempos de pandemia restringir dicha actividad constituiría un verdadero conflicto para los pobres y las clases medias, que siguen trabajando, además de que personas que han perdido su empleo en estos meses comenzaron a dedicarse a esto a través de las redes sociales, en sus casas o con servicio a domicilio.

Muchos sortean las leyes y programas de regulación del comercio en la calle y están presentes, tanto la cuestión de la higiene e inocuidad de los comestibles, como la calidad nutricional.

Ausencia de reglamentación

Si bien desde 2009 existe un órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México llamada Agencia de Protección Sanitaria, no se cuenta con una reglamentación de carácter obligatorio para el control de la calidad y la limpieza; las normas son poco aplicadas por los encargados y una buena parte de quienes realizan esta actividad no está capacitada o desconoce las reglas oficiales, añadió Guénola Caprón.

El doctor Salomón González Arellano explicó que desde el campo del urbanismo se efectúan investigaciones asociadas a la nutrición, la oferta en las calles y su relación con la metropolización.

“Existen flexibilidad y movilidad física, espacial y temporal de este tipo de negocios; puedecambiarse de un día a otro el tipo de comida, las formas de cobrar y pagar, pero el estatus de informalidad los coloca en gran vulnerabilidad de abusos de autoridades, clientelismo o incluso de carteles o mafias”.

La entrega a domicilio llegó para quedarse

El profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Unidad Cuajimalpa manifestó que en el contexto de crisis ocasionada por el coronavirus SARS-CoV-2 han aparecido opciones de alimentación a través de la entrega a domicilio.

“Todas estas modalidades de comprar se convierten en una innovación tecnológica de empleo que están en el límite de lo informal y lo formal, por lo cual hay un debate sobre la seguridad y la legalidad de esos puestos”.

El régimen espacio-temporal se ha visto trastocado, lo cual tendrá un impacto sobre la venta de comestibles que implica una institucionalización en cuanto a crear nuevas reglas, conocimientos, saberes, valores o normas que se tendrán que implementar en materia de nutrición, COVID-19 y ciudad.

Comentarios de Facebook