Diego Ríos

Para Témoris Grecko, documentalista, periodista, politólogo y autor del libro “No se mata la verdad, el peligro de ser periodista en México” publicado por HarperCollins, tenemos un Estado que facilita que quienes asesinan a los periodistas se salgan con la suya.Que matar periodistas simplemente sea cosa de gastar dinero”, y alerta que vivimos bajo un sistema “destinado a no garantizar justicia, sino a vender impunidad y esto ocurre en los asesinatos de periodistas, pero también en muchos otros casos”.

– Siendo corresponsal de guerra, ¿Qué te motivo a documentar los crímenes contra periodistas en México?

– Regresé a México en el año 2014 cuando ocurrió lo de Ayotzinapa. La desaparición de los 43 fue algo que nos golpeó a todos, y a mí me llevó a involucrarme en las investigaciones del caso. Mientras estaba aquí ocurrió el asesinato del periodista Moisés Sánchez. Me interesé por Moisés Sánchez, fui a su casa y conocí a su familia, así entendí que éste era uno de esos periodistas anónimos que encarnaba la pasión por el periodismo, el deber-ser del periodista de una forma pura y ejemplar, más allá de veleidades y la lucha por la influencia política o los privilegios. Una vez que estaba trabajando el tema de Moisés, un joven fotógrafo que había sido parte de las manifestaciones para pedir que encontraran vivo a Moisés, llamado Rubén Espinosa Fuentes fue asesinado en la Ciudad de México, él había venido de Veracruz a la capital a buscar refugio y lo mataron. Entonces, inevitablemente pasé de estar trabajar el caso Ayotzinapa a las agresiones contra periodistas.

– ¿Consideras que nuestras autoridades se ocupan por encontrar con vida a los periodistas cuando son denunciadas sus desapariciones?

– México es un país que tiene instituciones funcionando, es un Estado en pie con gobiernos que en el discurso insisten en su compromiso con la libertad de expresión, y a pesar de ello, tenemos el mismo número de periodistas asesinados que en países en guerra como Siria, de donde yo venía. En Siria tienes un Estado colapsado, donde las instituciones no funcionan; varios bandos en pugna, tanto el gobierno como los opositores abiertamente persiguiendo periodistas. Allá hay el mismo número de periodistas muertos que aquí, ¿Cómo es eso posible, es negligencia de las autoridades?, sí, en parte. Pero también en gran medida es porque tenemos un Estado cómplice, porque tenemos un sistema de justicia creado para no brindar justicia, sino para garantizar la impunidad de aquellos que la puedan comprar, y quienes asesinan a los periodistas compran esa impunidad. Tenemos un Estado que facilita que quienes asesinan a los periodistas se salgan con la suya. Que matar periodistas simplemente sea cosa de gastar dinero.

– ¿Cómo calificas la labor del Mecanismo de Protección a Periodistas, algo qué mejorarle?

– Es muy desigual y va a peor. Hay casos donde los periodistas agradecen el apoyo que han recibido por parte del mecanismo, que lo reconocen y lo agradecen. También periodistas que han sido agredidos, e incluso asesinados a pesar de estar bajo la protección del Mecanismo. Hay impugnaciones a los criterios que el Mecanismo usa para evaluar el nivel de riesgo que tienen quienes buscan sujetarse a él. En el periodo de Peña Nieto hubo fuertes críticas que suenan a corrupción, ejemplo de esto es la renta de unos botones de pánico que se alquilaban a muy alto precio y que no funcionaban. También el señalamiento de que no tenían el presupuesto suficiente, y ahora con el presidente Andrés Manuel López Obrador el fideicomiso con el que se garantizaba su funcionamiento desapareció. Ante todo lo anterior, si el Mecanismo no contaba con las mejores condiciones, ahora es previsible que se autolimite.

Con regularidad, los periodistas desaparecidos suelen trabajar en medios alternativos o lo hacen de manera independiente, ¿por qué pareciera que estos crímenes no llegan a los reporteros que trabajan en grandes medios?

– No es lo mismo meterte con El Piñero de la Cuenca que es un pequeño periódico de Cosamaloapan, Veracruz, que meterte con Televisa. Por lo general en los medios grandes no tienen ningún interés en hacer un periodismo que pise cayos, no quieren hacer coberturas que puedan denunciar al status quo, porque ellos mismos son beneficiarios del mismo status quo y por lo mismo no se ponen en riesgo. Aunque también hay casos donde se han visto involucrados como el de un reportero de Televisa en Acapulco, y también el secuestro de cuatro más en Coahuila, uno de ellos era de Multimedios y otro de Televisa, pero son casos excepcionales.

– En los crímenes contra periodistas que llegan a ser investigados se suele dar con los autores materiales, pero no con los autores intelectuales, ¿A qué le atribuyes esto?

– A que tenemos un sistema destinado a no garantizar justicia, sino a vender impunidad. Esto ocurre en los asesinatos de periodistas, pero también en muchos otros casos. Cuando la maquinaria no logra parar todo para salvar a los ejecutores, se les asesina también a éstos ya que suelen ser los principales testigos de quién dio la orden o hizo el pago. Y cuando el ejecutor no es asesinado y llega a juicio, por lo regular todo se queda ahí. El caso de Rubén Espinosa en la colonia Narvarte a mediados de julio de 2015 es emblemático. En aquel entonces muchos pensamos que Javier Duarte y sus esbirros habían cometido un error y se habían extralimitado al salir de Veracruz y venir a la Ciudad de México para asesinar a una persona. No pensé que debíamos confiar en el sentido de justicia de Miguel Ángel Mancera y de su procurador, pero sí en que les iba a generar gran incomodidad el que les echaran un problema que era de otro lado, la necesidad de lavar caras y hacer creer que aquí sí había justicia y también la urgencia de mandar el mensaje de “a ver, espérate, acá no puedes venir a hacer tus porquerías”, pero no la tuvieron y prevaleció el pacto de impunidad. De este caso hay tres personas detenidas, pero resulta que cuando la hermana de Rubén habla con el procurador le dicen que ya están los ejecutores materiales en la cárcel, a lo que ella pidió que se indagaran los motivos, por qué los habían asesinado y sobre todo quién ordenó la matanza, a lo que obtuvo como respuesta que no era obligación de la Procuraduría General de Justicia averiguar los motivos ni quienes eran los autores intelectuales, que con encontrar a los autores materiales era más que suficiente. Esto pasa en México porque no se va sobre los peces gordos a menos que se quiera dar ejemplo, o haya de por medio una venganza política. En nuestro país siempre prevalece el pacto de impunidad.

– Al menos tres organizaciones internacionales dedicadas a la defensa de la libertad de prensa tienen representación en México, ¿Cómo calificas su labor, aportan algo?

– Existen muchas críticas contra estas organizaciones, los grupos de periodistas desplazados las han cuestionado en repetidas ocasiones, e incluso hay periodistas que les han reclamado su atención como J. Jesús Lemus que los critica abiertamente. Yo no comparto esas críticas, y es una postura que he defendido en debates públicos. No podemos exigirles a estas tres organizaciones que hagan el trabajo que le corresponde a las autoridades que cuentan con todo un aparato muchísimo más grande en relación a las pequeñas oficinas de estas ong’s, Reporteros Sin Fronteras tiene solo a una representante en México, el Comité para la Protección a Periodistas tiene un representante en México, y Artículo 19 que por suerte le ha puesto más atención a México tiene una oficina con 25 personas. Entonces hablamos de 27 personas para todos los casos que surgen en este país que son muchos, es demasiado para ellos. Estas organizaciones han intervenido en varias ocasiones de manera muy comprometida como lo hacen en la atención a las familias de los periodistas asesinados. Desde perspectivas individuales, se llega a sentir que estas organizaciones han fallado, yo entiendo que están abrumados de trabajo y de verdad nos han ayudado mucho. Si algo les pudiera pedir sería a sus oficinas centrales que pusieran más recursos, que RSF y CPJ ampliaran sus representaciones en México.

– ¿Qué decir de los 650 firmantes que decían “defender la libertad de expresión” ante lo que ellos consideraron un asedio por parte del presidente López Obrador?

– Encabezados por Héctor Aguilar Camín y la revista Nexos, 650 personas denunciaron que con López Obrador la libertad de expresión y la democracia están bajo grave peligro, pero lo hacen personas que nunca han estado amenazadas, y no solamente eso, a pesar de que se dicen preocupados por la libertad de expresión no se preocuparon por los asesinatos de periodistas en el pasado, y siguen sin importarle los reporteros acribillados en el presente, incluso aunque eso les podría servir para su argumentación. En el breve texto que presentaron no aparece ni una sola mención a los periodistas agredidos o asesinados, o sea, ni siquiera ahora les interesa y esto se debe a que ellos no se saben en peligro. La principal amenaza contra la libertad de expresión son los asesinatos contra periodistas, pero eso no les interesa, sus intereses están particularmente en el acceso a los contratos públicos.

– A dos años de la llegada de un nuevo gobierno, en nuestro país sigue siendo asesinado, en promedio, un periodista al mes.

– Por un lado hay un compromiso del Presidente de respetar y de promover la libertad de expresión, aunque hay que recordar que Enrique Peña Nieto decía lo mismo, y el problema es que esos discursos no se trasladan a los hechos, y mientras las estadísticas de asesinatos y agresiones contra periodistas continúen como estaban en el anterior sexenio no se puede decir que hay un cambio, y lamento decir que yo no veo cómo pueda haber un cambio, porque actualmente ni siquiera manejan las estadísticas correctas. Hace unas semanas estuvo Alejandro Encinas en la mañanera y presentó estadísticas elaboradas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sobre asesinatos de periodistas y esas estadísticas están mal, las están haciendo mal y envían un mensaje equivocado porque lo que está haciendo la CNDH es contar como periodista muerto a cualquier persona que de alguna forma puede ser conectada con los medios de comunicación, sin importar porque fue asesinada. Las organizaciones que se dedican a esto lo hacen en base al motivo del asesinato del periodista, si el reportero fue asesinado como castigo o en prevención de su trabajo periodístico. Estos crímenes no son sólo en lo individual, sino son contra la sociedad en su conjunto porque se está intentado evitar que la sociedad sea informada de algo, esto no lo entiende la Comisión y cuando el subsecretario presenta sus cifras está evidenciando que tampoco entiende el tema. Y lo peor es que aun cuando lo entendieran y con todas las buenas intenciones y los antecedentes de Encinas, él es un subsecretario sin poder en este gobierno, y no sólo él, toda la Secretaría de Gobernación está muy disminuida, y parece que no se toman en serio el tema.

– Tras el crimen en la Narvarte donde perdió la vida Rubén Espinosa, salieron periodistas como Carlos Marín a demeritar la figura del fotoperiodista, ¿Qué decir es estas actitudes al interior del mismo gremio?

– Ellos no tienen un sentido de orgullo profesional, están al servicio de los poderes que les pagan. Carlos Marín estaba interesado en quedar bien con Miguel Ángel Mancera, además hay otro fenómeno que es el hecho de que los periodistas honestos avergüenzan en público a los periodistas deshonestos, incluso cuando no los señalas directamente ellos entienden la diferencia y la respuesta siempre es atacar, descalificar y decir: “ustedes son iguales a nosotros”, y no. Yo menciono en el libro a tres periodistas: Ricardo Alemán, Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín porque cuando yo era estudiante ellos tres eran periodistas que admiraba, a los que me quería parecer y muy pronto se traicionaron a sí mismos, a sus yos de jóvenes y se pasaron al lado obscuro. Esto le gusta mucho al sistema de la corrupción, hay periodistas que se venden de inmediato, desde que son muy jóvenes y a esos no les da mayor importancia. Al sistema de la corrupción le encanta conseguir que periodistas se traicionen, y eso se premia. Cuando un periodista se traiciona se premia con un lugar en sus esquemas de corrupción. Entonces estos periodistas que algún día tuvieron conciencia siempre les queda algo que les recuerda que están mal, y cuando ven un periodista que, aunque pasan los años no se traiciona, reaccionan contra él.

– El Presidente menciona casi todos los días a los periodistas o medios que tergiversan los hechos, esto le ha traído un sinfín de críticas incluso de cercanos a su movimiento, ¿Ejerce su derecho de réplica, o es un exceso?

– Por un lado, hay un juego entre el Presidente y sus principales críticos. López Obrador está ninguneando a sus opositores políticos que son el PRI y el PAN, a quienes rara vez menciona. Sus sparrings preferidos son columnistas y algunos medios de comunicación, y al hacer eso les está dando un lugar que ellos no tendrían de ninguna manera. Imagínate que Peña Nieto se hubiera peleado todos los días con Proceso o Aristegui, los gerentes de ventas le hubieran llamado a Presidencia agradeciendo la atención: “muchas gracias señor Presidente porque nos está mandando al cielo en ventas por la proyección que nos da”. Entonces ahora Reforma, Carlos Loret de Mola y El Universal están teniendo un conocimiento público al que nunca habían llegado, y aún peor, han adquirido un reconocimiento por parte de los sectores de oposición que les da una influencia que no tenían, y de que ninguna otra forma hubieran adquirido.

Por otro lado, siento que el Presidente gasta demasiado tiempo en esos pleitos. No me molestaría si estuviéramos en una sociedad abierta y acostumbrada al debate que disfrutara, aunque el debate fuera ríspido como sucede en la sociedad británica donde el Primer Ministro suele enfrentarse de tú a tú con el líder de la oposición dos o tres veces por semana en debates públicos donde lo humillan y le dan con todo, pero se aguanta y también responde. Si estuviéramos en una sociedad donde el debate se mantiene en el debate y no pasa a la violencia física seriamos una sociedad madura, pero no es así. Ocurre que ese debate entre el Presidente y sus opositores alimenta la polarización de una sociedad donde la mayor parte de la gente no está entendiendo lo que se discute y no tiene disposición a escuchar, pero sí a agredir en la calle. Si Andrés Manuel López Obrador y su gobierno hubieran logrado que la impunidad en los asesinatos y agresiones contra periodistas desaparecieran, que cualquier agresor potencial de un periodista tuviera la certeza de que va a ser investigado por una autoridad y procesado por un juez y ya no tuviéramos crímenes de este tipo entonces cualquier debate entre el mandatario y sus críticos por más rijoso que fuera sería lo de menos. No espero gran responsabilidad del diario Reforma que ha renunciado a su trayectoria de 25 años de medio serio y apostó por convertirse en un ariete político, o Loret de Mola, que es una persona que responde a todo tipo de intereses.

– El año 2020 tuvo dos temas recurrentes en la agenda periodística, los crímenes contra mujeres y la pandemia por el Covid-19, cierras con eso tu libro.

– El 2020 empezó muy fuerte con el tema del feminismo, y de pronto el tema de las mujeres fue suprimido de tajo por el trancazo de la pandemia, pero los dos son temas que sorprendieron al periodismo impreparado para entender que era lo que tenían que cubrir. Incapaz de cubrir las exigencias de las mujeres y mucho peor cuando tuvieron que darle voz al tema de la salud.

El periodismo tradicional en México siempre ha tomado los temas sociales y de salud como parte de los asuntos suaves, secundarios, donde se pone a cubrirlos al reportero joven y sin experiencia, a ese que no saben dónde más colocarlo y le dicen “bueno tú ponte a hacer temas soft”, entonces eso impide el que haya una especialización porque el periodista que mandan al rincón y aspira a que lo manden a cubrir deportes, negocios, a los temas duros.

El periodismo no logró entender lo que pasaba con las mujeres y tampoco logró hacer una cobertura mínimamente bien de lo que ha sido la pandemia. Yo creo que uno de los aprendizajes es la urgencia de la especialización, no podemos seguir aspirando que los periodistas estudien redacción, técnicas de radio, aprendan a manejar una cámara de televisión y ya con eso salgan a cubrir política y enfrentarse con lobos de mar que tienen haciendo política más tiempo del llevan con vida los reporteros. Lo mismo si vas a cuidar ciencia o economía.

Hace falta especializarse en determinados temas, y eso es algo que deberían cubrir las carreras de periodismo. A falta de eso los periodistas jóvenes tienen que buscar esa especialización con cursos y diplomados. Esto sería lo ideal, la realidad es que sigo viendo redacciones llenas de jóvenes periodistas a los que les pagan una miseria, que los corren sin mayor problema, y a los cuales nadie está formando.

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