Diego Ríos

Para el psicoanalista, escritor y poeta, Jorge Alemán, decirse trotskista, comunista o anarquista en España no despierta ningún aspaviento, no así cuando un ciudadano se asume “populista”, en dicha circunstancia “el escándalo está servido”, señala el autor argentino de nacimiento, quien nos brindó una amplia entrevista a razón de la llegada a México de su libro “Pandemónium”, de mano de NED Ediciones.

– En América Latina se ha estigmatizado el término populismo, sin embargo, usted lo emplea con orgullo, ¿Cómo entender el hecho de que ver por los más necesitados y defender la libertad de expresión hayan sido limitados por la derecha mundial?

Sí, esa es una batalla cultural que prácticamente está perdida. Aquí en España donde vivo, usted puede decir que es trotskista, comunista o anarquista y no ocurre gran cosa. Pero si uno se define como populista, el escándalo está servido. Es verdad que esa palabra ha sido en su régimen de circulación absolutamente degradada. Ahora bien, tuve el honor de trabajar durante años con Ernesto Laclau, el autor de “La Razón Populista”, y al menos a saber las eventuales diferencias que pude tener con él, el populismo para mí se inscribe dentro de la izquierda, es un proyecto posmarxista, y es el intento de articular demandas populares cuando las instituciones no las pueden acoger y por lo tanto es una radicalización de la democracia, no es ni la retórica, ni la demagogia, ni estos fenómenos que estamos viendo que llevan adelante los proyectos de ultraderecha. O sea, en definitiva, el populismo no es ni Trump, ni Bolsonaro, ni VOX en España, ni Le Pen en Francia. Creo que ha sido un grave error, del que participó a veces la izquierda, especialmente en su variante socialdemócrata de haber entregado la palabra “populismo” a esas construcciones políticas de las derechas ultraderechizadas que operan actualmente.

– Si bien, el populismo ha sido estigmatizado en occidente, el comunismo sencillamente ha sido satanizado, ¿Es posible revertir estas acometidas de la derecha, y en caso de que así fuera, serviría de algo hacerlo?

La verdad es que no estoy seguro de esto. Es decir, por ejemplo, últimamente empecé a releer a Maquiavelo, y Maquiavelo no tenía nada de maquiavélico, pero todo el mundo ya concibe eso como un adjetivo de lo cínico y lo calculador. Por ejemplo, la famosa frase “El fin justifica los medios”, no la pronunció nunca, pero se le atribuye todo el tiempo. Así que con respecto a la palabra comunismo. El populismo no sé si se va a poder liberar de la carga semántica que todos los dispositivos mediáticos han generado con respecto a la misma. Les ha funcionado. Hay que tener en cuenta el fenómeno Venezuela, por ejemplo, primero funcionó en toda América Latina como “el mal absoluto”. Luego, para mi sorpresa, funcionó en España. Ya luego, para una mayor sorpresa, acusaron de “progrezuela” Melechon en Francia y luego, por último, ya en Inglaterra con Corbyn. Así creció. Le dio a la derecha un juego extraordinario. Muchas posibilidades y entonces, efectivamente, revertir esa situación es muy complejo. De todas maneras, como la izquierda tiende permanentemente someterse a sí misma una revisión crítica, es bueno también discutir qué pasa con esos términos.

Nicolás Maquiavelo.

– Usted nació en Argentina, y así como en su patria, en México el gobierno se enfrenta todos los días a una derecha radical que miente y tergiversa cualquier hecho. Lo más curioso es que pareciera que en determinados sectores de la población se han olvidado lo que fueron los gobiernos neoliberales, e incluso los añoran.

Bueno, justamente en el último libro “Ideología. Nosotras en la época. La época en nosotros» me ocupo de eso. La enorme cantidad de ciudadanos se vio recientemente en Madrid en las elecciones a la Presidencia de la Comunidad, e inmigrantes votaron a la ultraderecha y todo lo que anteriormente se denominaba el cinturón rojo industrial de izquierda también votó a la derecha o a la ultraderecha. Es decir, que hay que revisar el concepto clásico de Marx de intereses objetivos y empezar a entender. A mi juicio, que la gente vota por intereses que no son acordes a la realidad de su situación sociopolítica, que muchos casos votan no en contra de sus intereses, pero que esos intereses ya no son los intereses objetivos que pertenecían, o bien a su clase social, o bien a su sector dentro del aparato productivo.

Han empezado a funcionar identificaciones, distintos modos de captura de la subjetividad en donde muchísimos sujetos se sienten reconocidos por discursos. Argentina es un ejemplo perfecto de esto. El “macrismo” destruyó el país, y sin embargo hay todavía un 40 por ciento de adhesión, y una enorme cantidad de medios que siguen promoviéndolo, y que incluso ahora intentan, –y en eso si son injustos–, endilgarle los muertos de la pandemia al gobierno socialdemócrata que hay en este momento, que podrá tener muchas limitaciones, podrá ser tibio en muchas cosas, pero desde luego es el que asumió en todas sus consecuencias la organización colectiva de la sanidad y la movilización de la vacunación.

Así que estamos en este aspecto como usted lo señala con un nuevo fenómeno, donde sectores que van en contra de sus intereses objetivos, pero en cambio, priman intereses más subjetivos que están en el plano ideológico y es muy importante dilucidar.

­– ¿De qué trata su libro “Pandemónium”?

Es la primera percepción que tuve de la pandemia. Fue en el mes de marzo del año pasado. Y si tuviera que dar un rasgo fundamental de ese texto sería el cruce entre el capitalismo, lo que ya sabíamos del capitalismo y la pandemia. Lo que sabíamos del capitalismo es que no hay nada que lo detenga, es una instancia y un conjunto de dispositivos que se reproducen asimismo de manera ilimitada. Por más que se adviertan catástrofes, haya señales de posibles desastres, o incluso pandemias, porque esta pandemia estaba advertida, el capitalismo no se detiene. Éste fue el hilo desde el cual comencé las tensiones que se iban a producir en el hecho de que el capitalismo no se puede limitar a sí mismo porque tiende a su reproducción ilimitada, y el tratamiento de esta pandemia exige nuevos modos de organización colectiva. De esto se trata Pandemónium”.

– “Pandemónium”, es breve en páginas, pero profundo en su análisis, ¿Cuáles fueron sus fuentes para establecer sus diferentes puntos?

Traté de no leer lo que estaba seguro que se iba a estar escribiendo por otros autores. Quería dejarle a este libro mi impronta personal, aunque luego pude ver que se podría establecer una cierta dialéctica entre este texto y otros que surgieron en aquel entonces. En general, hay “cuatro chicos” con los que me muevo siempre, que son Marx, Freud, Heidegger y Lacan, digamos que son la llave maestra a través de la cual yo frecuento a Marx, a Freud y a Heidegger, siempre inscribiéndome en la situación latinoamericana, teniendo una lectura a la vez de Europa con una cierta distancia, que no he perdido nunca, y tratando siempre de atender a los fenómenos contemporáneos.

– Términos como izquierda, derecha, comunismo, neoliberalismo abundan en su obra, y al leer “Pandemónium” se podría pensar que el mundo actual es gobernado por la derecha, ¿Tenemos otra alternativa viable?

Supongo que sí, porque si no, el crimen perfecto es algo que está por verse. Es difícil, dada la formación que tengo, en que piense que existe un crimen perfecto que se totalice y que no deje ningún resto, o que no haya ningún resquicio que permita transformar el estado de la situación. Así que es verdad que, como usted dice, no es imaginable otro mundo por ahora. No, no es imaginable un después del capitalismo. No hay un imaginario alternativo al capitalismo. Sin embargo, eso en todo caso, nos indica que ya no estamos en el Siglo XX, donde todavía se pensaba elegir desde el futuro. Desde un futuro concebible, desde un futuro que no pude imaginar. Yo pertenezco a una generación que imaginaba el futuro de la izquierda. Ahora, la palabra izquierda entre otro problema que tiene muchos, es que no tiene a priori diseñado un futuro posible. Tienen que apostar, tiene que jugar todo su proyecto a la insistencia.

Jorge Alemán.

– Cuál sería el lector ideal para su obra Pandemónium?

Bueno, yo tengo la suerte de que las jóvenes y los jóvenes que sienten un cierto interés o pasión por la política. Creo que todo aquel que esté interesado en percibir A la existencia a la propia vida de cada uno, con un proyecto, con un proyecto en donde tengo la poesía de transformarse a uno mismo, a sí mismo, pero también entender que una transformación de uno mismo puede llegar hasta las últimas consecuencias y a la vez hay una transformación colectiva. Si además hay justicia e igualdad, porque los proyectos existenciales que se remiten exclusivamente a puro sí mismo, al puro contexto individual, y no se interesan por ninguna de las dimensiones colectivas, no se interesan por la igualdad y la justicia finalmente se vuelven experiencias narcisistas que no tienen verdaderas consecuencias en la realidad. Entonces digamos que el lector que a mí me interpela y que me hace a mí también crecer y avanzar en mis textos sería ése.

Jorge Alemán se exilió a los 25 años de la dictadura militar argentina en España. Pertenece al mundo del psicoanálisis y a la experiencia, psicoanalítica. Su trabajo recorre la frontera entre la filosofía y la política desde el psicoanálisis; y ha desarrollado en el último tiempo la trilogía (1) “Capitalismo; crimen perfecto, emancipación”; (2) “Pandemónium; e (3) “Ideología. La época en nosotras, nosotros en la época”, todos publicados bajo el sello editorial NED. Con 44 años viviendo en España, ha sido traducido al italiano, francés y ruso.

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