Gerardo Yong

En los años cincuenta, Estados Unidos vivió una época de señalamientos contra personas “enemigas del Estado”. El senador Joseph McCarthy fue el iniciador, acusando sin ton ni son, a intelectuales, principalmente escritores y cineastas, de ser comunistas, antipatriotas y traidores a la patria. Hoy, la Unión Americana está viviendo una situación similar, pero ahora dirigido contra la población estadounidense de origen chino.

Desde el ascenso del ahora ex presidente Donald Trump, China se convirtió en el foco de la política de seguridad nacional norteamericana, para ello, impuso a Beijing aranceles de 25% que en 2018 sumaban más de 60 mil millones de dólares en importaciones, también limitó las inversiones en empresas estadounidenses. Entre las razones que esgrimió, fueron que los productos asiáticos habían causado un déficit de más de 375 mil millones de dólares y el robo de tecnología, violando las leyes de propiedad intelectual. El tono nacionalista del magnate llamó la atención de un gran número de simpatizantes suyos, muchos de los cuales iniciaron campañas raciales no sólo contra el comercio chino, sino para denostar a diferentes minorías, las cuales fueron objeto de discriminación racial en diversas manifestaciones y tratos públicos en calles y locales comerciales durante el 2019 y 2020.

En un reportaje firmado por Vicent Ni, corresponsal de asuntos chinos del diario británico The Guardian, se narran los testimonios de Xiaoxing Xi, profesor de física de la Universidad Temple en Filadelfia, quien vio su casa profanada por agentes del FBI apuntando sus armas en todas direcciones y gritando que la gente saliera de las habitaciones para hacer un cateo. Xi fue esposado y detenido frente a su familia, que no sabía lo que ocurría.

El académico reveló que en un dos por tres fue calificado de ser espía chino, cuya misión era pasar tecnología norteamericana a Beijing. Tan sólo por eso, se le estaba enfrentando a 80 años de prisión y a una multa por un millón de dólares. Cuatro meses después, el Departamento de Justicia desistió la demanda argumentando que “el gobierno había encontrado nueva información del caso”. En suma, se trataba de un tipo de presión contra la comunidad sino-estadounidense.

Xi vivió esto durante la administración Obama y lo curioso es que más científicos estadounidenses de origen chino han sufrido situaciones similares. Desde 2018, la paranoia ideológica se ha visto reforzada por diferentes mecanismos como la Iniciativa de China, establecida por Trump en 2018, en la que incita a reforzar medidas de seguridad nacional para contrarrestar las amenazas de Beijing.

La congresista demócrata por California, Judy Chu, también considerada como la primera mujer estadounidense de origen chino, calificó la medida como un “instrumento para crear un perfil racial”. Agregó que en poco tiempo se convirtió en un medio para aterrorizar a científicos e ingenieros chinos.

Tan sólo el pasado 5 de noviembre, el Departamento de Justicia dio a conocer una lista de casos en los que académicos e intelectuales con ascendencia asiática quedaron expuestos y señalados, y también resultaron atrapados en un juego de tensiones geopolíticas.

Según Zhigang Suo, un ingeniero quien obtuvo la ciudadanía norteamericana hace más de tres décadas, la situación ya se descontroló y es prácticamente una caza de brujas contra todo lo que parezca chino. Señala que, al igual que otros más como él, ya consideran (si no es que ya lo han hecho) regresar al continente oriental.

La semana pasada, el director del FBI, Christopher Wray señaló a China como la amenaza más amplia a la innovación y seguridad estadounidense. Esta institución abre cada día dos casos sobre presuntos espías chinos que buscan interferir o sustraer secretos industriales y tecnológicos norteamericanos.

El sueño americano para estos expertos, quienes deberían ser reconocidos por sus amplias aportaciones a la cultura local, se ha vuelto una pesadilla, al grado que la idea de ser un puente entre ambos países se ha caído por completo. Sin embargo, hay quienes piensan de entre ellos que es mejor quedarse para hacer reivindicar su estatus de ciudadano estadounidense de ascendencia china, es decir, en apegarse a hacer funcionar una democracia que los acogió por su valía intelectual y académica cuando la Unión Americana necesito mucho de ellos.

Con información de https://www.theguardian.com/

Comentarios de Facebook