Eduardo Guevara

Insuficiencia renal, sordera, depresión u obesidad mórbida afectaron a grandes músicos como Mozart, Beethoven y Rossini, quienes mostraron en sus obras las emociones que les provocaban las enfermedades, señalaron el crítico y promotor musical Gerardo Kleinburg, colaborador de la Coordinación de Difusión Cultural UNAM y Adolfo Martínez Palomo, integrante de El Colegio Nacional.

El compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) tuvo que viajar en carruajes. “Desde entonces adquirió una serie de infecciones, entre ellas quizá un estreptococo que pudo ocasionarle fiebre reumática y la consecuente insuficiencia renal que le causó la muerte”, anotó Kleinburg, quien consideró que la afectación renal alteró su percepción y comportamiento.

“La vida de Mozart fue muy difícil desde el punto de vista de su salud, pues pasó la tercera parte de su vida en un carruaje en condiciones muy complicadas en lo sanitario, con una alimentación variada e insuficiente para un hombre muy trabajador”, añadió Martínez Palomo, médico y doctor en ciencias.

El compositor sobrevivió a la viruela, la cual dejó marcas en su cuerpo, pero gracias a los cuidados médicos no quedó ciego. Conservó su carácter inquieto y divertido, con su pasión por las cartas, el billar y un tipo de boliche antiguo, hasta que avanzó la insuficiencia renal que hizo estragos definitivos en su cuerpo y en su música.

Kleinburg consideró que en la etapa final de su vida, Mozart –quien vivió 35 años- exploró un mundo más oscuro que se muestra en sus últimas obras. “Tal vez en el Réquiem se puedan encontrar algunos datos de una cierta alteración cerebral”, destacó Martínez Palomo.

Aunque se ha especulado que tuvo un trastorno neurológico llamado Síndrome de Tourette, que consiste en tics motores y fónicos, el médico de El Colegio Nacional aclaró que no es seguro. “En la última etapa de su vida estaba consciente de que se estaba muriendo, tuvo una cierta perturbación mental pero nunca perdió el conocimiento”, señaló.

Beethoven

El genio alemán Ludwig van Beethoven (1770-1827) representa un conjunto de sufrimientos, el más conocido: sordera, la cual se convirtió en un síntoma que afectó su música, señalaron los ponentes quienes participaron en “El Aleph, festival de arte y ciencia” organizado por la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.

“Tuvo una vida muy difícil desde que empezó con la sordera, pero no solo eso. Padeció un problema intestinal que lo recluyó en cama durante mucho tiempo, desde que era joven, y lo acompañó hasta su muerte. Él murió de una cirrosis hepática por el alcohol que ingería”, comentó Martínez Palomo.

Bethoveen fue triste y solitario, siempre en busca de una compañera, además de que repitió el alcoholismo de su padre que lo golpeaba y explotaba para que trabajara. Pero tuvo una voluntad férrea para componer y continuar su carrera.

“Genéticamente tenía predisposición al alcoholismo, pues su padre y su abuela habían sido alcohólicos, y su madre murió de tuberculosis”, anotó Kleinburg.

Martínez Palomo refirió que gracias a la sordera pudo hacer los últimos cuartetos y la Novena Sinfonía, pues estar totalmente recluido de las influencias externas le permitió hacer música diferente.

“A Beethoven lo que más le preocupaba de su sordera era que lo avergonzaba. Su sordera deviene en música de manera muy puntual: busca cada vez más acordes estridentes, recurre más al fortissimo como si quisiera producir en la orquesta sonidos que alcance a escuchar”, señaló Kleinburg.

Esos sonidos, ríspidos y extraños para la gente de su época, prácticamente ya no los escuchó, pero propuso el recorrido del teclado del piano por la evolución técnica del instrumento y para buscar las frecuencias que todavía alcanzaba a escuchar, comentó el crítico musical.

A su vez, Martínez Palomo aseveró que le molestaba el tinnitus (sonido de un timbre en uno o ambos oídos) causado por la sordera; esto lo volvió más irascible y colérico.

Rossini

El compositor italiano de ópera Gioachino Rosinni (1792-1868) fue un hombre desafortunado en el aspecto personal, a pesar de su exitosa y famosa carrera. Padecía obesidad mórbida y un gran apetito que le dio fama de gourmet, incluso con un recetario propio.

Al comentar la polémica entre si padecía trastorno bipolar o depresión profunda, los ponentes coincidieron en que Rossini manifestó esta última de manera crónica. “Tenía compañía, fama, dinero, amigos, pero estuvo prácticamente la mitad de su vida sin hacer nada”, dijo Martínez Palomo.

Kleinburg puntualizó el trastorno bipolar porque en su música hay una obsesión por los patrones musicales, mientras que Martínez Palomo comentó que prevaleció la depresión.

Rossini también padeció uretrosis (con la necesidad de usar una cánula para poder orinar), gonorrea y cáncer de recto. Su enfermedad depresiva trajo un silencio que los ponentes consideraron trágico en la historia de la ópera.

Comentarios de Facebook