Diego Ríos

Para la reconocida pedagoga y terapeuta familiar, Tere Díaz Sendra, “a pesar de su mala fama, las infidelidades son muy frecuentes. Quienes atraviesan el territorio de las relaciones extraconyugales, se enfrentan a la reprobación social, y a posibles riesgos y dolores que pueden acarrear sus acciones. Pero no migran de ahí aun cuando experimenten cierto sentido del deber, o miedo a ser descubiertos, ni mucho menos porque alguien les diga que no hay que jugar con fuego”.

Sobre la infidelidad trata su más reciente obra ¿Por qué nos mentimos sin nos amamos?, publicado por editorial Diana, pero también aborda a profundidad los celos, la soltería, el feminismo, el matrimonio, la seducción y el erotismo. Un compendio bien escrito y directo sobre la pareja y sus diferentes formas de concebirla actualmente.

— De qué trata su libro, “¿Por qué nos mentimos si nos amamos?”

— Como el título lo dice, si bien aborda el tema de la infidelidad, también habla de las contradicciones humanas, de lo complejo que es abordar las relaciones, el amor, el deseo, la sexualidad, el compromiso de pareja, y el por qué queremos que todo nos sea fácil: te quiero o no te quiero, estoy contigo, o estoy contra ti. Queremos las cosas simples y por eso echamos a perder muchas veces relaciones que merecen la pena.

Los seres humanos somos complejos y contradictorios. La integración de la complejidad humana particularmente del amor de la pareja y del deseo, es un tema que se aborda poquísimo, y que, cuando se aborda, se aborda desde la bondad y la maldad, el enfermo, la mala, el santo y el diablo.

En general, vivimos una era de malestar amoroso donde los casados piensan que la felicidad está en otro lado, donde los solteros posponen proyectos por encontrar al amor, a aquella persona que está predestinada para ella. Y hay mucho desencantado, que ya no me ama, medio jugando al amor y viendo como lo hace, pero que no cree ni en el ser humano ni la posibilidad de construir un amor que merezca la pena. Claro, entonces de ahí, de ahí este tema, por qué nos mentimos, por qué no somos transparentes si nos amamos, diría yo.

Algo que normalmente el tema de la verdad como que yo creo en la verdad como virtud, como valor. Pero a veces la bandera de la verdad a rajatabla, sobre todo cuando hay contradicciones internas y complejidades y las relaciones.

— Doctora, en su libro, más allá de la infidelidad, aborda algo más profundo que son los celos. ¿Como profesional, considera que los celosos tienen cura?

— Hay celos tóxicos, patológicos, y gente que dice no ser celosa hasta que viven eventos que les despiertan una suspicacia, un temor, una ansiedad o un miedo a la pérdida. Los celos son una emoción totalmente humana, que todos, antes o después, detonamos por alguien.

Somos más susceptibles a los celos cuando nos sentimos inseguros o ansiosos, y también cuando hemos vivido experiencias de abandono, falta de atención o nos han traicionado. Los celos son el temor a una amenaza que pueda significarnos perder alguien, sentir abandono o humillación. Todo esto tiene cura, y no es otra cosa más que el autoconocimiento.

— Usted narra en su obra cómo hasta hace algunos siglos, las parejas no eran concebidas simplemente como un hombre y una mujer. En la actualidad, son cada vez más comunes, parejas de tres o más integrantes, ¿Vamos rumbo a normalizar el poliamor?

— Venimos de un combo matrimonial que incluía amor, sexo, compromiso, hijos y muchas veces modus vivendi. Ahora ese combo colapsó debido a la celeridad de las comunicaciones, y a todos los procesos de derechos humanos como la revolución sexual, el movimiento gay y el feminismo.

Hoy ese combo lo puedes adquirir por separado: puedes tener matrimonio sin amor, hijos sin matrimonio, sexo sin amor, amor sin matrimonio, matrimonio sin sexo, sexo sin hijos, y hasta hijos sin sexo. A partir de esto se abre una diversidad de posibilidades muy parecida a estos restaurantes fusión donde meten mole, pero le ponen “no sé qué” y dan como resultado mil platillos deliciosos que no son el mole como lo hacía mi abuelita en Puebla.

Decálogo amoroso*

  1. Mantén tu energía erótica: siéntete vivo, conectado contigo mismo, congráciate con tu propio cuerpo y tu sexualidad.
  2. Construye un espacio de juego en pareja: de imaginación, de novedad, de disfrute, donde los dos puedan compartirse.
  3. Si no tienes hijos, cuestiona si quieres tenerlos. El deseo se mantiene cuando se es más pareja que padres. Los hijos, por hermosos que sean, rompen necesariamente el enamoramiento.
  4. Evita una relación fraternal: demasiada confianza, higiene compartida, rutinas de limpieza. Sentir que se está viviendo con un hermano o hermana mata el deseo.
  5. Acepta las diferencias con tu pareja; eso te ayudara a entender que el otro es un misterio y que nunca lo conocerás del todo.
  6. Crea una distancia necesaria, acordada y respetada para poder ver al otro en perspectiva, extrañarlo, desearlo. Una pareja debe contar con espacios propios; así cada persona mantendrá sus propias amistades, su propio mundo.
  7. Construye proyectos personales de relevancia, que te involucren de manera apasionada en una trayectoria personal. No hagas de tu pareja y del amor el único o principal proyecto de tu existencia.
  8. Hazte responsable de tu vida: conoce, acepta y asume las consecuencias de tus propios actos. Es imposible hacerte responsable de la satisfacción de tu pareja, como tampoco ella puede hacerse cargo de ti.
  9. Maneja cierta flexibilidad en los papeles familiares para evitar la rigidez. Esto requiere que exista cierta igualdad entre tu pareja y tú.
  10. Diseña una vida algo rara, diferente, caótica, transgresora. Vivan en los márgenes, pese a la crítica social. Habitar las zonas de la “normalidad” hace que la rutina te arrolle.

*Tere Díaz Sendra, ¿Por qué nos mentimos si nos amamos?, editorial Diana, 2021.

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