Eduardo Guevara    

Como consecuencia del incremento de la temperatura superficial del mar, científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) realizaron una tabla de vida y curva de mortandad del lobo marino de California, ya que fallece el 30 por ciento de las crías durante el primer año de vida, debido a la baja disponibilidad de presas para su alimentación, situación que la ubica como una especie “amenazada”. 

Por ello, la doctora Claudia Janetl Hernández Camacho, jefa del Laboratorio de Ecología de Pinnípedos “Burney J. Le Boeuf” del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR) del Instituto y su equipo de trabajo llevan a cabo conteos de la población de los mamíferos (Zalophus californianus) en 13 colonias de reproducción del Golfo de California y en ocho islas del Pacífico mexicano.

Asimismo, estudian variables ambientales (como la temperatura superficial del mar), la concentración de la clorofila, entre otros, y de acuerdo a los datos obtenidos, se registró una disminución en la cantidad de especies indispensables en la alimentación del lobo, tales como: el pez lagarto del Pacífico oriental, la anchoveta, el pez sapo cabezón, el pez serrano ojón o las merluzas, las cuales se encuentran a 50 o 60 kilómetros de las loberas.

La científica indicó que en el Pacífico mexicano viven alrededor de 52 mil mamíferos, lo que representa el 16 por ciento de la población mundial. Mientras que en el Golfo de California se encuentran entre 17 y 22 mil, es decir, entre el cinco y seis por ciento del total.

El lobo marino es considerado como una especie centinela del ecosistema; desde su nacimiento, viven y reproducen anualmente en las mismas colonias. A este comportamiento se denomina “fidelidad al sitio”.

Los expertos elaboraron una tabla de vida y una curva de mortalidad por edad de la especie (en forma de “U”).  Los estudios revelaron que los recién nacidos, los más jóvenes y viejos muestran una tendencia al alza a fenecer; también fallece aproximadamente el 30 por ciento de las crías en el primer año de vida.

Las hembras mueren a partir de los 22 o 23 años (en promedio viven hasta los 25 o 26 años). Mientras que los machos registran tasas de entre 35 al 38 por ciento (viven en promedio 18 o 19 años), porque al ser más grandes consumen mayores cantidades de alimento, el cual buscan lejos de las loberas, situación que los hace vulnerables a depredadores.

Por último, la doctora Hernández Camacho afirmó que es necesario que las autoridades gubernamentales modifiquen el estado de conservación del lobo marino de “Preocupación menor”, y obtener la categoría de “Amenazada”, porque algunas colonias del norte del golfo y de la península de Baja California están disminuyendo por la falta de alimentación.  

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