Diego Ríos

Para el periodista especializado en política y conflictos armados, Jon Lee Anderson, Donald Trump “es el presidente más nefasto, incompetente y racista que la historia norteamericana ha conocido”. Pese a los magros resultados de su gestión, considera que el hoy candidato del Partido Republicano “ha sabido sumar todo tipo de enredos a su favor”, lo que le da posibilidades de reelegirse.

Entrevistado tras la publicación de su libro «Los años de la espiral, crónicas de América Latina», editado por Sexto Piso, el veterano colaborador de la revista New Yorker hace un balance de la administración Trump en Estados Unidos, y expone los logros y fracasos que la izquierda en Latinoamérica ha vivido durante los últimos años.

Trump nunca ha logrado una aceptación superior al 50%; el producto interno bruto cayó 33%, y al menos 20 millones de empleos se han perdido desde que llegó al poder, ¿Por qué a pesar de todo lo anterior sigue vigente la posibilidad de que lo reelijan?

– El mundo entero es una nave que entró en aguas nuevas desde el año 2016 cuando ganó Trump, desafiando las encuestas. El que tengamos medios muy parcializados ha provocado en Estados Unidos que se generen nichos donde la gente cree todo lo que dicen éstos. Además, existe un sincretismo de acciones y cosas que han coincidido como las tecnologías que permiten el hackeo y las fake news.

Si tú libras una guerra y no ganas, todo el mundo lo sabrá. Tú puedes decir lo que quieras cuando sacas a tus tropas declarando la victoria, pero si no ganaste, es evidente, y Estados Unidos perdió todas las guerras donde se metió, invirtiendo todo su orgullo nacional. Se dice el país más poderoso sobre la faz de la tierra, y la imagen que emana por el mundo, es la de un gigante de paja, un monstruo lleno de grietas.

Esto coincide con la noción que se mantiene en muchos líderes mundiales, quienes se sienten capaces de entrar a jugarse la suerte en lo geopolítico en respuesta a los fracasos en el campo de la guerra de los estadunidenses. No sabemos si Trump gane o pierda, y a pesar de toda la ortodoxia analítica con la que se medían estas cuestiones años atrás, donde él debería estar en el suelo por sus resultados, aún tiene posibilidades y eso a muchos nos tiene atónitos. Lo cierto es que Trump ha sabido sumar todo tipo de enredos a su favor, y en eso radica su popularidad.

– ¿Cómo describirías la influencia de la Presidencia de Trump sobre los ciudadanos estadunidenses?

– Desastrosa, Trump es el Presidente más nefasto, incompetente y racista que la historia norteamericana ha conocido. Ha insistido una y otra vez con su política migratoria separando a niños de sus padres y poniéndolos en jaulas. Todo esto por medio de trágicas detenciones con suma brutalidad por parte de los agentes del ICE (Oficina de Detención y Deportación). Todo lo que ha hecho Trump es extremista y vulgar, sin duda reflejos de su forma de ser. Su agresividad y su tendencia a exagerar e insultar son características de su Presidencia.

En menos de cuatro años ha degradado el modelo de democracia y lo ha puesto en crisis. Incluso lo hizo desde su campaña cuando vilipendió a los mexicanos para ganar partidarios entre la gente más lumpen de Estados Unidos.

– ¿En qué medida los movimientos #BlackLivesMatter y Antifa son una respuesta al patriotismo religioso; la defensa del derecho a portar armas, y el rechazo a todo lo extranjero que representan las políticas públicas de Trump?

– Son una respuesta necesaria, no descarto que la gente de izquierda también se comenzará a entrenar y armarse. Los gérmenes de estos movimientos, así como los del otro lado, milicianos de derecha, existían desde antes en una forma amorfa y no muy consolidada. Ante esto, Trump logró consolidarse una porra con sus “silbatos de perro”, o como decimos en inglés: dog whistles. Trump habló con la policía y les dijo: “cuando tengan a un sospechoso y lo quieran meter al auto, no debe ser caballerosamente, si choca la cabeza contra el carro está bien”, lo dijo en broma, pero por supuesto que ellos lo han interpretado de otra manera: “Trump nos va a defender si matamos a sospechosos o hacemos cualquier abuso de autoridad” y así ha sido. La extrema derecha y los supremacistas blancos entendieron que tienen a un amigo en la Casa Blanca.

Ha mandado una y otra vez guiños a la gente más violenta de los Estados Unidos, a esos que han matado antifascistas en las calles de Portland; ha liberado soldados tras haber matado ciudadanos afganos e iraquíes. Una y otra vez ha mandado guiños a gente extremista, entonces, ellos entienden que él es su hombre. Hay quienes piensan que aunque él pierda habrá guerra civil. No sé si lleguemos a eso, pero estoy seguro de que los valores cívicos y la sensación de bien común en la ciudadanía norteamericana está muy minada.

Si Trump vuelve a ganar no tengo mucha esperanza de que sobreviva la democracia estadunidense, y ahí sí apuesto a que habrá guerra civil o algo parecido como brotes de violencia regionales, pero podría llegar a ser algo mayor. Estados Unidos es un país muy beligerante, 15 millones de ciudadanos tienen experiencia en combate reciente y en el manejo de armas por las continuas guerras. Es un momento muy peligroso.

– En caso de que Joe Biden gane las elecciones ¿Cómo sería la relación entre él y Andrés Manuel López Obrador?

– En Washington hay quienes no están a gusto con la política de reconciliación de Andrés Manuel López Obrador hacía Donald Trump. Fue mal vista la visita que le hizo hace unos meses, pero tampoco es que se la vayan a cobrar, no ganan nada cobrándole a México una decisión que tomó a partir de una percepción de debilidad y desesperanza. Analistas muy cercanos al círculo de Trump coinciden en que Biden está muy por encima de esto, y si bien al principio puede ser una relación muy desigual, con el tiempo llegaría a buenos términos.

En caso de que gane Biden lo importante será restaurar las instituciones degradadas, restablecer las relaciones que Trump malogró, y con México volver a una relación pragmática y fraternal, teniendo en cuenta las dificultades que existen. Biden tendrá encima el creciente clamor de los liberales por deshacerse del ICE, ya que éste se ha vuelto un ejército ideologizado de derecha. Ellos han empeorado la atmósfera democrática en los Estados Unidos, por supuesto los mexicanos y centroamericanos lo sienten en su forma más aguda con su entrada a las ciudades santuario.

Biden y su gente van a estar muy ocupados con la política de la frontera, la inmigración, el narcotráfico y la inseguridad. Desde ya es un tema escabroso, pero Trump lo ha hecho mucho peor y tendrán que configurar una política bilateral muy seria, y para eso necesitarán una buena relación con México.

Primer encuentro Biden – AMLO, año 2012.

– De acuerdo con tu libro: “Trump parece sentirse atraído por aquellos líderes que lo rechazan, Kim Jong-un de Corea del Norte y AMLO en México, por ejemplo”, ¿Cómo explicar la cercanía que se ha dado con estos presidentes aun cuando se esperaba lo peor de ambos casos?

– Trump se siente atraído por cualquier persona que tenga más libertad para ser autoritario que la de él, otro ejemplo además de los que mencionas es Vladimir Putín. Lo que sueña Trump es hacer es que otros cumplan sus mandatos, él se siente atado de manos. No es un demócrata, sino un junior y un tirano, seguro lo ha sido toda la vida con sus mayordomos y choferes. Hoy en día lo es con su país y con el mundo entero.

En Kim Jong-un ve a un prójimo, y como le dobla en edad lo trata como si fuera su hermano mayor, busca recomendarle cosas al estilo de “te entiendo chico, pero mira si quieres ser un rocketman de verdad, tienes que hacer lo que yo te diga, déjame ayudarte”, sin duda hay algo de eso. Por otro lado, Andrés Manuel sabe exactamente quién es Trump y no le tiene ningún amor perdido. En cambio Trump no sabía quién era AMLO hasta que ganó la Presidencia. Hubo un trabajo detrás del telón muy eficaz entre sus equipos para bajar el tono, sobre todo del lado mexicano. Rendirse para que Trump bajara la agresividad y el trato beligerante con que arremetió contra Enrique Peña Nieto y todos los mexicanos. Entre ambas naciones se ha librado una política consciente de apaciguamiento.

Vladimir Putin, presidente de Rusia.

– En tu libro relatas el ascenso al poder de políticos como Jair Bolsonaro en Brasil; el golpe de estado en Bolivia, y la intención golpista en Venezuela, ¿Qué podemos aprender de los logros y fracasos de la izquierda en América Latina?

– Los logros son relativos. En Brasil, Lula consiguió en un país no comunista instaurar un programa eficiente y novedoso para entregar un sueldo mínimo a toda la gente que vivía en la extrema pobreza, con esto mejoró las vidas de 30 millones de ciudadanos. Impulsó un programa de canasta básica el cual vino a dar esperanza sobre todo a madres solteras que sólo así pudieron inscribir a sus hijos en la escuela pues ya tenían solventados sus alimentos.

La izquierda en Venezuela logró el respeto y la reivindicación de los pueblos originarios y de la gente negra. Esto no ha sido bien difundido y se ha hecho mal en algunos casos, pero esa reivindicación que no llegaba más allá de la manifestación es hoy una realidad en aquel país. López Obrador habla muy bien sobre la reivindicación de los pueblos originarios en México, de la necesidad de igualar el respeto hacia sus valores. Estas cosas en sí son benéficas, pero si no van más allá del discurso, no logras nada.

La izquierda en Latinoamérica debe mirarse fríamente en el espejo y ducharse con agua fría porque ha sucumbido una y otra vez ante el despotismo, la demagogia, el caudillismo y el culto de la personalidad. Socialistas llegaron al poder y se convirtieron en corruptos al tratar de convertir las políticas económicas de sus países que ya eran capitalistas y ellos fueron los que cambiaron.

Algunos quizá, víctimas de ingenuidad en el mejor de los casos, no entendieron quiénes eran sus aliados, y los políticos pragmáticos a su alrededor, esos con los que compartían el poder terminaron por comerlos vivos.

El subcomandante Marcos y los zapatistas sirven de paradigma. Ellos fueron derrotados en el escenario nacional, pero buscaban volver a su origen y optar por una comunidad regional donde podrían cumplir con estilo de vida. Al menos representaron un germen y su ejemplo, a lo mejor fracasa, a lo mejor tiene éxito, no sabemos, pero fue una respuesta al neoliberalismo y al modelo mexicano fracasado.

El gran reto para la región es ver como a partir de la pandemia puede librarse de males como la dependencia económica del éxodo; del narcotráfico, la corrupción y la inseguridad. De momento yo no estoy viendo muchos visionarios por ahí. Ojo, carismáticos resplandecidos no necesitamos en este momento, lo que necesitamos son líderes ilustres templados y muy trabajadores. Entre los líderes que perduran como ejemplo de esto sólo está Pepe Mujica en Uruguay.

– Los medios estadunidenses calificaron como el “peor debate de la historia” al primer encuentro entre Trump y Biden del pasado 30 de septiembre…

– Desde antes del debate me preguntaba por qué Joe Biden iría al debate si habíamos visto lo que hizo Donald Trump con Hillary Clinton. Trump no ha cambiado en cuatro años, su comportamiento en las conferencias de prensa, sus tuits y ademanes solo han empeorado. Era de esperarse que utilizaría el foro del debate para insultar y portarse como un patán.

Los que rodean a Joe Biden entraron en una discusión entre decidir si iba o no, y a pesar de todo no le fue mal. No es el tipo más hábil al hablar, ya sea por su edad o su tartamudeo, pero cuando increpó a Trump y lo llamó payaso dos o tres veces, lo dijo con verdad. Ese debate fue un momento muy bajo en la política moderna, pero no sólo el debate, lo es toda la Presidencia de Trump.

Debate entre Trump y Biden.

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