Santiago Poot

El trabajo cultural ha sido un tema pendiente en las agendas de política pública en América Latina y la pandemia del COVID-19 evidenció la precarización existente en dicho sector, coincidieron especialistas de México, Perú y Argentina que participaron en la tercera sesión del Coloquio: La importancia de la cultura en el desarrollo sostenible.

La emergencia sanitaria demostró que las directrices “que estábamos desarrollando no habían dado tantos resultados y había inequidad, así como gente que no accedía de la misma forma” a los programas ni ejercía sus derechos, manifestó la maestra Diana Guerra Chirinos en la actividad organizada por el Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

La docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú señaló que en el país andino se han detectaron en el último año y medio algunas características del ramo que prevalecían desde antes: alrededor de 73 por ciento de la economía está en la informalidad, lo cual derivó en un alto índice de contagios porque las personas salían a trabajar, lo que afectó al rubro ante la intermitencia laboral.

“Alrededor de 90 por ciento del medio se mueve de manera independiente y nos encontramos con una desinformación y un desconocimiento de para qué sirve este sector, por lo que es impresionante la cantidad de personas que no saben las funciones del Ministerio de Cultura”.

A inicios del periodo de confinamiento, en Perú no existía un registro de aquellos dedicados al arte y la cultura, lo que dificultó gestionar las llamadas ayudas COVID-19, al no haber un directorio de quiénes son, dónde están y qué hacen.

“Por fortuna, esta iniciativa ya empezó y he tenido la posibilidad de formar parte de los comités que evaluaron cientos de solicitudes de dinero a la dependencia oficial, cuyos montos por persona, proyecto o asociación alcanzaban hasta los 20 mil dólares, aunque eran insuficientes para todos los artistas y gestores”.

La maestra Guerra Chirinos agregó que en su país los discursos que vinculan la cultura sólo se han dado, en tanto sirven para el turismo, de ahí que el Estado se enfoque en financiar la recuperación de los sitios arqueológicos relacionados con el patrimonio inca, descuidando otras áreas que obligan a repensar nuevos caminos. 

La especialista Marissa Reyes Godínez recordó que en México, a partir de 2019 hubo un cambio respecto de hacia dónde llevar las iniciativas, en las que muchos programas sobre economía creativa, industrias y fomento a los emprendimientos dieron paso a la cultura comunitaria y su administración.

“Era un aspecto muy importante que había estado olvidado en otros momentos, aunque lo mejor hubiera sido mediar entre varias posibilidades; al entrar en la pandemia dicho programa, que implica trabajo en los territorios, migró a lo digital, lo cual representó dificultades ante la brecha tecnológica que provocó que en algunas regiones no se tuviera acceso a internet o a una conexión estable”.

La profesora-investigadora en la Academia de Arte y Patrimonio Cultural de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) consideró que “nuestro país ha presentado un nivel alto de informalidad durante la pandemia” y falta de empleo, por lo que muchos cambiaron de giro, además de “otras formas de precarización y, si bien había mucha actividad en línea, una encuesta de la Universidad Nacional Autónoma de México estimó que casi 50 por ciento de las personas no estaba recibiendo remuneración por su trabajo”.

Estos meses han servido para cuestionar modelos de emprendimiento y recuperar ideas sobre el papel de las economías solidarias y otro tipo de posibilidades de gestión.

“En México se hablaba mucho del trabajo transversal e intersectorial y ahí tenemos una deuda bastante fuerte y que ahora con esta dinámica cultural sería muy relevante desarrollar, en específico con todo lo que tiene que ver con la economía creativa y las industrias” del tipo.

El periodista argentino Federico Borobio sostuvo que en la era pospandemia será clave la participación desde distintos planos para el diseño y la promoción de políticas culturales.

“La cultura nace y florece desde abajo y desde el ámbito público sería buenísimo que se abran las puertas después de semejante crisis para escuchar a los destinatarios y los creadores como protagonistas centrales, porque en definitiva son los que conocen el color y los matices de los problemas”.

El también docente y fotógrafo creador del portal Recursos Culturales y de la revista Emprende Cultura invitó a que cuando pase la contingencia cada país haga un diagnóstico para ver cómo quedó el barco después de todo este contexto, cuántos hay que rescatar y cuántos están de pie para generar iniciativas.

“Es necesario hacer informes y un diagnóstico completo sobre el estado de la situación, pues el objetivo que se plantee cualquier organismo internacional, regional, local o municipal debería tenerlo como un requisito indispensable”.

La sesión del Coloquio, realizado en el marco de la Agenda 20-30 del desarrollo de las naciones, fue moderada por Eduardo Cruz Vázquez, jefe del Centro de Extensión Educativa y Cultural Casa Rafael Galván de la Coordinación General de Difusión de la UAM.

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