Redacción

Madre solo hay una sola. Aunque es cierto, existe la creencia social de que mamá siempre es buena, sagrada, que siempre tiene la razón. Todas estas afirmaciones crean una conciencia social de que son perfectas. En el caso de las madres narcisistas no es así, ya que su manera de vincularse con los hijos puede provocar confusión, ambivalencia y en algunos casos problemas afectivos y traumas.

Los hijos de estas madres tienden a sentirse personas malas, vacías, con baja autoestima, con un sentimiento de que no son suficientes en cada cosa que hagan, indicó el Dr. Josman Espinosa Gómez, docente investigador de la Escuela de Psicología de CETYS Universidad Campus Mexicali.

“Esta confusión se deriva de las disonancias cognitivas que implantan estas madres como un mecanismo de control afectivo. La madre narcisista absorbente asfixia, es inconsciente de tus necesidades y deseos. Si tienes o tuviste una, es probable que hayas olvidado tus propios sueños y deseos, el mensaje que envía esta madre es sobre quien necesita que seas en vez de validar quien realmente eres”.

El narcisismo consiste en un patrón general de grandiosidad, una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se desenvuelve en diversos contextos, caracterizándose por tener un alto sentido de autoimportancia, exagerar sus logros y capacidades, esperar ser reconocida como superior, envidia y expectativas irrazonables.

Entendiendo que tener un hijo implica un proceso psicoafectivo donde la madre establece un vínculo emocional, afectivo y relacional con un lazo basado en el amor, la ternura, la nutrición y la empatía, la maternidad es una crisis vital para la mujer, en la que debe cumplir un rol primario de supervivencia que no implica afecto, sino que es una respuesta básica para mantener a su hijo con vida.

“Que esta sea una experiencia carente de afecto crea en el niño un deseo de algo más y esta ausencia se convertirá en un vacío afectivo, así como cuando clama por la figura materna y sólo su presencia es capaz de satisfacerlo. Este es un momento crucial en el desarrollo de su subjetividad, ya que por primera vez reconoce a un otro en quien deposita la confianza y seguridad. De esta relación simbiótica entre ambos se fortalece el apego primario que lo hace sentirse seguro y amado”.

Cerca de los 8 meses de vida del bebé la relación simbiótica debería terminar, para que ocurra el proceso de individualización que lo estimule a ser autónomo e independiente. Si la madre lo retiene para proyectar en él todos sus planes, sus expectativas y lo que ella no ha alcanzado, iniciará un vínculo tóxico donde comenzará a robar la voluntad, los propósitos y sus derechos de decidir, entre otras cosas; convirtiéndose en una madre narcisista.

En el contexto familiar, la madre puede proyectar dos lados diferentes de su personalidad narcisista. De este modo, el niño modelo y el chivo expiatorio tendrán dos infancias muy diferentes, enfrentándolos, incluso en la edad adulta. El niño modelo será el referente y llevará el peso de las expectativas de la madre, mientras que el chivo expiatorio será el niño más débil, preso de descalificaciones.

Tipos de madres narcisistas

  • La madre negligente: No se ocupan de sus hijos, no les proporcionan orientación, apoyo emocional ni empatía. Descartan y niegan sus emociones.
  • La madre absorbente: Trata de controlar todos los aspectos de la vida de sus hijos. Toma todas las decisiones y los presiona sobre cómo vestir, cómo actuar, qué decir, qué pensar y qué sentir. Los hijos tienen poco espacio para crecer y alcanzar su plenitud individualmente.
  • La necesitada emocionalmente: No tiene idea de cómo manejar sus necesidades. Lleva sus emociones al descubierto y espera que sus hijos se ocupen de ellas, sin prestar atención a los sentimientos de estos hijos.
  • La madre Psicosomática: Usa las enfermedades y los dolores para manipular a los demás y para centrar la atención en ella. Si los hijos no responden, parecen malos y que no pueden ser amables con su madre.
  • La madre perfeccionista orientada a los resultados: Lo que sus hijos logren en la vida es de primordial importancia. El éxito depende de lo que hagan, no de quién son. Espera que actúen al máximo nivel posible. Si no lo logran se siente avergonzada y puede reaccionar con furia y rabia.
  • La madre adicta: Algunos la adoran, pero sus hijos desprecian la máscara que representa para el mundo. Ver cómo los demás reaccionan ante ella los confunde, pues no les ofrece a ellos la misma calidez y carisma. Quieren que sus hijos encajen en su mundo social y se adapten a su molde.
  • La secretamente malvada: No quiere que los demás sepan que maltrata a sus hijos. Tiene un yo público y un yo privado totalmente diferentes. Es capaz de anunciar en público: “Estoy muy orgullosa de mi hija. ¿Verdad que es preciosa?”, y luego, en casa, decir: “Realmente tendrías que perder peso”.

“Cada persona es única, al igual que su experiencia. Si te olvidas de tus necesidades y deseos, tienes baja autoestima, tiendes a autosabotearte, te criticas y eres autoexigente, tienes sentimientos de culpa y vacío, puede que seas víctima de abuso narcisista. La terapia psicológica es fundamental para reparar este daño, y para desensibilizar los mensajes que la madre narcisista implantó, aumentando la conciencia, reactivando el yo auténtico, recuperando los valores y ayudando a brillar con luz propia a quien sufrió los daños”, concluyó el docente.

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