Gabriela Siller; PhD*

El Producto Interno Bruto (PIB) es el indicador más importante de la actividad económica, ya que es la producción de bienes y servicios finales dentro de una economía en un período de tiempo. El PIB se calcula de manera trimestral, lo cual da pie a cálculos de “variación trimestral” (un trimestre respecto al inmediato anterior) y “variación anual” (un trimestre respecto al mismo trimestre del año anterior).

Este año se estima que el PIB tuvo una caída anual de 8.7% (promedio de la variación anual de los cuatro trimestres). Para el siguiente año se estima un efecto rebote con un crecimiento anual del PIB entre 2.8 y 3.8%. El crecimiento se escucha alto, sobre todo si se compara contra el crecimiento promedio de México hasta 2018, de 2.2% anual. Sin embargo, es un efecto rebote que no alcanza a compensar la caída de este año.

En la parte alta del rango (crecimiento de 3.8% anual) se estima que el primer trimestre del 2021 muestre una caída anual aproximada a 4%, seguida de un incremento de 15.6% en el segundo trimestre y crecimientos anuales de 3.1 y 0.60% en el tercer y cuarto trimestre, respectivamente.

El incremento de 15.6% del segundo trimestre surge por la baja base de comparación, pues en el segundo trimestre del 2020 se llevó a cabo el confinamiento, afectando la actividad económica y llevando al PIB a mostrar una caída, respecto al segundo trimestre del 2019 de 18%.

En la variación trimestral se esperan crecimientos pequeños, reflejando la lentitud de la recuperación económica de México. Para el primer trimestre se asume un crecimiento de 0.1%, para el segundo trimestre de 0.03%, para el tercer trimestre de 0% y para el último trimestre de 0.3%.

Esto implica que con crecimientos anuales debajo de 3.8%, se observarían variaciones trimestrales negativas, abriendo la posibilidad a una nueva recesión (o estancamiento económico) con un efecto del tipo “W”, donde la economía cayó, empezó a recuperarse y volvería a caer.

Este escenario con caídas trimestrales podría materializarse en el caso de:

1) alta cautela entre consumidores y/o empresas que frenen la recuperación del consumo y la inversión fija, 2) sub ejercicios importantes del gasto público y 3) desaceleración en el ritmo de recuperación de las exportaciones.

Hasta ahora la recuperación económica de México ha estado principalmente apoyada en las exportaciones y se espera que en el 2021 continúe así, pues no existen elementos que propicien grandes crecimientos en el consumo de los hogares mexicanos ni en la inversión fija por parte de las empresas.

Con esto será sumamente relevante en el 2021 las políticas internas y la relación comercial con Estados Unidos. Las políticas económicas internas deben de tener como objetivo propiciar la confianza y la recuperación económica. Inclusive desde el punto de vista económico sería deseable la reorientación del gasto público para atender las necesidades del sector salud y generar la chispa de mayor crecimiento.

Si la reorientación del gasto no es viable, entonces podría generarse un mayor endeudamiento temporal, para atender los puntos más urgentes en materia de salud y economía.

Para el 2021, en materia económica en especial preocupa la reforma a la Ley del Banco de México, nuevas consultas públicas que deriven en cancelación de proyectos de inversión, cambios en regulación que desincentiven la inversión fija en México y la relación política con la nueva administración de Estados Unidos.

*Directora de Análisis Económico-Financiero de Banco BASE

Comentarios de Facebook