Diego Ríos

José Agustín –el máximo exponente mexicano de la literatura precoz gracias a sus novelas juveniles La Tumba, De Perfil y Se está haciendo tarde, publicadas hace más de medio siglo– se ha mantenido profundamente fiel al aquí y al ahora al momento de escribir, ahondando en el carácter complejo y orgánico de sus protagonistas que le han valido colocar sus obras como unas de las más perdurables, aseguró el novelista mexicano Enrique Serna.

Su género plebeyo por antonomasia –desarrollado a través de la novela realista– se enraizó en el afán de perdurar y mantenerse fiel a las circunstancias histórico-sociales de la época que le tocó vivir, apostando por capturar lo urbano y quizá efímero para trascenderlo del campo contracultural, afirmó Serna durante el homenaje realizado a José Agustín por la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Su obra es un sueño por rescatar la utopía y corregir el rumbo de la humanidad después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, fue así que decidió voltear a ver la nueva música clásica que era el rock, la libertad sexual, el misticismo, los elementos de la religión budista adaptados al tantrismo que trataban de buscar no sólo la libertad de la carne, sino también del espíritu y, a la vez, apoyar de manera incondicional movimientos políticos de protesta propios de su tiempo.

Serna –autor de los libros Genealogía de la soberbia intelectual y La doble vida de Jesús, entre otros– explicó que ceñirse a captar el espíritu de una época es inadmisible para un escritor promedio, porque significaría reducir su universo ficticio en forma drástica, con ideales contradictorios, pues al registrar el lenguaje de su momento pueden caer en el costumbrismo, por lo que resulta impetuoso construir personajes complejos e impredecibles, tal como ocurrió con los del autor acapulqueño.     

Enrique Serna.

Desde sus primeros libros, José Agustín se propuso capturar el instante que se encontraba viviendo y por eso consideró que él no estaba en contra de la idea de perdurar en sus novelas, sino en contra del exhibicionismo pedante de ese anhelo, sometiendo las poses a una crítica despiadada.

Por ello pintó su raya frente a todos los snobs, en especial con aquellos que consideraban a la cultura literaria un vestido y no un alimento, fue así como depuró sus amistades y creó una ruptura marcada por un afán de autenticidad, alejándose siempre de aquella retórica que lo colocara por encima del resto de los mortales.

José Agustín.

Entonces aprendió a reproducir textualmente el habla urbana, una muy contaminada y expuesta a otras lenguas, en particular anglicismos, por ello su narrativa se fue plagando de guiños y otras realidades lingüísticas, forjando un sello propio de una narrativa con espíritu lúdico que sueña con hacer literatura y, al mismo tiempo, tiene una autocrítica y una constante parodia de su propio lenguaje, algo raro que solo él ha logrado.

De Perfil es una novela sorprendente y perdurable a pesar de estar cargada de lenguaje juvenil, que al igual que los muchachos se modifica a una velocidad acelerada al inventar neologismos para excluir a los adultos, igual que en los bajos fondos o el grafiti, que buscan que los demás no lo entiendan para marcar su raya ante las otras generaciones.

De perfil, novela.

Desde 2009 –año en que José Agustín sufrió un accidente que le causó profundas lesiones– no ha vuelto a escribir, pero sus obras lo han mantenido como uno de los literatos más brillantes de lengua hispana de la época actual, pues desde siempre ha sabido captar muy bien el apasionamiento, el odio a la hipocresía, la crueldad inocente y el misticismo profano de la adolescencia, que son elementos de carácter imberbe de todos los tiempos.

Además de esta conferencia, el homenaje José Agustín. De perfil –organizado por la Unidad Cuajimalpa de la UAM– constó de cuatro mesas tituladas José Agustín hoy; José Agustín, una ruptura en la cultura mexicana; José Agustín y la cultura popular. Aportaciones, ideas y prácticas, y José Agustín y la contracultura.

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